Alana, Un dilema entre el amor propio y el amor hacia un hombre. (Capitulo I)

Toda la vida me he preguntado, ¿por qué una mujer buena tiene que sufrir a manos de un hombre que no entiende todo lo que tiene en frente y no le da el valor que se merece? O viceversa, un buen tipo, de esos que se desviven por una mujer, que hacen lo posible para hacerla sentir importante y especial, recibe situaciones y resultados negativos al final de todo ese proceso que algunos llaman “relación amorosa”. Siempre intento buscar una respuesta lógica y que vaya acorde con la realidad. Con mi realidad. Con la de mis amigos. Con la de esas mujeres que conozco y suelen desnudarse emocionalmente conmigo, llevando una conversación en la que siempre suelo aprender y quizás puedo comprender muchas cosas. Es un tema delicado, no grato para muchos y quizás un tópico de pérdidas y fracasos para otros. No sé con cual te sientas identificado o cual sea tu situación actual con respecto a esto. Preferiría pensar que tú eres la persona buena. No la que hace daño.

Esta es la historia de Alana, una mujer que puede ser tal cual, como tú, o quizás seas tú. Ella, es una mujer que durante su vida ha tenido tres relaciones amorosas. Entre las tres, más o menos seis años. Cinco años en sus dos primeras. A raíz de las dos iniciales, yo me pregunto, ¿por qué ha tenido tan mala suerte en el amor? Decidió en su primera relación, echarse a medio mundo encima por un hombre que personas cercanas a ella decían que era malo, patán, nada enamorado, sin futuro, sin proyectos, sin absolutamente nada que ofrecerle y nada que pudiera complementar eso tan bueno y especial que tenía ella en su vida. La relación comenzó en lo que algunos llaman “el tiempo de engaño”, ese momento en que decimos ser las personas más buenas y amorosas del mundo. No tenemos defectos, no dañamos corazones y solo fingimos que los mínimos defectos no superan el gusto y los sentimientos. Ella sumida en esa nube emocional, decide no hacerle caso a lo racional y emprende el vuelo. Entrar en detalles sobre su relación podría escribir un libro o quizás una historia para una telenovela. Pero trataré de que entiendas que ella tan buena, recibió solo dolor.

Alana, invertía su tiempo en estudios, trabajo y en él, en Mark. Se levantaba y lo primero que deseaba era escucharle la voz. Era la única cosa que anhelaba al despertar. Quería escucharle siempre, aunque fuese por un segundo. No daba razones a Morfeo sin antes despedirse y escuchar un “hasta mañana” por parte de su amado. Su tiempo libre y hasta el que no, se lo invertía a ese amor por el cual quería luchar y mostrarles a todos que se habían equivocado. Anhelaba que los fines de semana llegasen rápido para verlo, para estar cerca de él y hacerle sentir el hombre más afortunado del mundo. Cualquier minuto, en el lugar que sea, si estaba con su amor, era perfecto. No necesitaba regalos ni cosas caras y tampoco salidas a sitios lujosos, decía siempre Alana. Ella desprendía amor puro, pasión, entrega y siempre esperaba lo mismo, aunque fuese en menor proporción. En lo mínimo.

Al pasar el tiempo, a Mark se le fue acabando el papel del hombre bueno, casi perfecto y hasta amoroso. Él, al notar que Alana moría por estar a su lado, pensó tenerla en sus manos, pensó siempre en que, si la relación acababa, el no perdía nada. Que ella tenía que aguantar todas sus absurdas cosas y procederes nada buenos. Comenzó a no querer escucharla tan seguido por llamadas, no verle todo el tiempo, no estar con ella, la actitud de ella le parecía fastidiosa, empalagosa y detestable. Ese hombre no era tan bueno como nuestra princesa creía, todo lo contrario, solo había fingido eso para tener su pureza, su esencia y dañar su inocencia. Ya los fines de semana no eran tan buenos. Se perdía en la penumbra de la vida y volvió a sus hábitos de la calle, a los hábitos del desamor que siempre tuvo en su corazón, a todo eso que la sociedad en un momento le advirtió a Alana. Apagar el teléfono siempre fue la estrategia más insensata de Mark. Luego por lastima o por simple excusa, decía que había quedado sin batería o cualquier otra cantidad de pretextos para justificar sus malos actos. Comenzó el sufrimiento para la princesa de nuestra historia y el llanto no fue más que la única forma de refugio y consuelo. El llorar no servía de nada para cambiar la actitud de Mark. Es el dilema de la vida, ¿no? – Querido lector. Cuando das todo en pro de conseguir buenos resultados y ser feliz, las personas no saben valorar eso. Nunca lo hacen. Y entonces llegamos a la conclusión que; no todo vale la pena por amor.

Alana, entró en ese conflicto con sus amigos, familiares y personas allegadas, por el simple hecho de que la veían sufriendo, llorando, mendigando amor, mendigando querer. Todo quien la conocía, sabía que era una buena mujer, siempre pensando en el bien personal y común y decidida a mejorar en su vida. Yo te puedo decir que es de las mejores mujeres que he conocido. Tuve la oportunidad de compartir momentos muchas veces con ella , incluso verle feliz en plenitud y es una dama que no merecía tanta maldad, tanto sufrimiento, después de haberlo entregado todo. Quizás tu entiendas más que yo, lo que a ella le sucedía. Quizás tú seas Alana. O seas Mark. Quizás tú seas ese amigo o amiga que sabe el sufrimiento que carga esa persona que tanto aprecias.

Después de tantas luchas consigo misma y contra todo ese amor mal pagado, optó por tomar la decisión que le causaría más dolor, pero el dolor definitivo.

Un tarde de domingo, llamó a Mark y le dijo:


- ¡Hola, Mark! ¿Cómo estás? – Preguntó Alana con una voz suave y temblorosa.

- ¡Muy bien, Mi amor! – responde él con una voz de cinismo y prepotencia.

- Mark, quiero que nos veamos. Necesito decirte algo.

- Mi amor, no puedo ahora. Tengo un compromiso con mis amigos.

- ¡Quiero verte ahora, ya tendrás bastante tiempo para ellos! – dijo Alana con el dolor más grande de su corazón, pero con decisión absoluta y su alma envuelta en un pañuelo.

- ¿Dónde? – pregunta Mark, con voz de aburrimiento.

- En el lugar de siempre y a la misma hora – dice alana y cuelga el teléfono de un tirón.

La hora pactada y el lugar de siempre, fueron testigos de lo que sería la última vez que esa relación tendría nombre o vinculo. Mark venía con un short azul, suéter blanco, tenis blancos y su celular en la mano derecha, caminando como si el mundo le perteneciera a pasos cortos y lentos. Ella estaba sentada en la banca donde por primera vez se dieron el primer beso, el primer lugar donde comenzó todo, ese lugar frente a un árbol en el que alguna vez tallaron sus nombres como firma de amor eterno, en ese mismo lugar es donde acabaría aquella ilusión. Querido lector, yo jamás imaginé que alana tomara esa decisión. Te lo juro.

Al estar ambos sentados en la banca, el silencio inicial fue terrible, fue estruendoso. Al cabo de unos segundos... ella respira profundo y dice lo que seria lo ultimo...

- Hola Mark, solo te diré que gracias por todo. Gracias por hacerme sufrir y entender que soy lo suficientemente buena para no mendigarte amor. Eso no. Espero seas feliz. Yo intentare serlo algún día - dijo Alana las ultimas 33 palabras, para ese hombre que quería tanto. 

Se levanta, y con el alma hecha pedazos, camina en rumbo desconocido. Mark, no supo que hacer. No la persiguió por la bruma de la noche. Quizás fue la oportunidad perfecta para estar solo. Quizás nunca entendió que ese momento, era la despedida para siempre.


Al llegar su casa, ella se va a su refugio, a su cuarto, se tira en la cama, se arranca a llorar y el mundo se convierte en una pesadilla. Se convierte en su tormento. Esa idea de amor eterno había llegado a su fin. Te estoy contando esto sobre su vida, pero quiero no le cuentes a nadie más sobre la primera tragedia de amor de Alana. Ella me la contó con la esperanza de que yo no sea como ese hombre. Que no desaproveche el verdadero amor y a una buena mujer. Quizás cuando ella se vea en esta historia, correrá a llamarme y decirme cosas, pero gracias a ella, vi el alcance de una mujer buena cuando por fin decide amar y también, cuando decide partir. Por eso lo comparto contigo. Ella entenderá.

Yo creo que nuestra relación, querido lector, es buena y por tal razón, no voy a contarte todo hoy; te puedes aburrir. Para la próxima te contaré sobre la segunda relación de Alana y entenderás el por qué siempre digo que la vida es injusta con las personas buenas en el amor. Su tercera relación y actual, no es nada comparada con las otras dos. Hoy es feliz. Hoy vive la vida que soñó en el amor. Tiene un buen hombre. Su complemento de vida. Ojalá y Alana no se convierta en Mark, ahora que está recibiendo todo lo que un día ofreció.

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